Ha habido algunos historiadores que han situado el origen de Extremadura en el espacio de tiempo inmediatamente posterior a la dominación romana, con su capital en Mérida.
Algunos le han aplicado a Extremadura el calificativo de «nación independiente» para el período que transcurre desde finales del siglo IX hasta la llegada de los almorávide.
Para algunos el proceso histórico de la configuración político-administrativa de Extremadura fue muy lento y su definitiva conformación una realidad muy tardía, otros historiadores han situado el origen de Extremadura en el espacio de tiempo ocupado por los vetones, otros a la primigenia Lusitania con su referente caudillo Viriato.
Hay elementos culturales que no necesitan para su permanencia la continuidad del soporte humano originario: su patrimonio arquitectónico con un sello de identidad propio, los monumentos, los restos arqueológicos, de los que Extremadura es fabulosamente rica, un entorno natural único, su particular modo de participación en la historia, un sistema de valores y hasta matices dialectológicos.
Nuestro patrimonio constituye un legado testimonio directo de nuestra señas de identidad.
Antes de la invasión de los romanos, una serie de pueblos diferenciados y protegidos vivían en comunidad aislados geológicamente por accidentes geográficos, los del Norte (Sierra de Gata, Sierra de la Estrella) del Oeste (Sierras Portuguesas del Alentejo y San Mamede) del Sur (Sierra Morena) y del Este (Montes de Toledo).
Uno de esos pueblos fueron los lusitanos, con siglos de civilización a sus espaldas. Ocupaban la mayor parte occidental de la actual Extremadura y Portugal. El personaje lusitano que mas destacó fue Viriato.
Nuestro general Viriato era un pastor lusitano que se convirtió en el líder de la lucha contra la dominación romana. Durante el período de las guerras de Viriato, allá por el año 140 a. C. se constituyó en el suroeste de la península un poder político independiente de Roma que asumía la forma de una monarquía. El núcleo de este poder estaba en la Beturia céltica y túrdula. Los territorios sobre los que Viriato extendía su influencia no eran sólo tribus más o menos civilizadas, sino ciudades con una organización compleja.
Adelantémonos en la historia... El cónsul Cepión, aprovechó unas negociaciones con los lusitanos para sobornar a varios miembros del sequito de Viriato con el fin de que lo asesinasen, como así hicieron. Muerto el líder, la rebelión lusitana perdería fuerza, y en pocos años Roma consolidaría su posición en la península Ibérica. Viriato fue asesinado por varios de sus lugartenientes, entre ellos Quinto Servilio Cepión y Marco Junio Bruto que pusieron fin a la resistencia y a siglos de civilización lusitana. Quinto Servilio Cepión logró la rendición de Tautalos, el último caudillo lusitano, al que se le concedieron algunas tierras por ello. Marco Junio Bruto cruzó el norte del Duero, comenzando la conquista de Gallaecia, región de interés para Roma por sus bienes mineros.
Marco Junio Bruto fortificó las ciudades desde Morón y Olisipo, plantando de esta manera los cimientos de la ocupación permanente de Lusitania por los romanos, controlando de esta manera las costas y las vías de comunicación que desde ellas penetraban hacia el interior del país lusitano. No obstante, a finales del siglo II a. C seguían existiendo problemas y hostilidades entre algunos grupos de la población de Lusitania y los romanos.
Hacia el año 60 a. C. César llevó a cabo una campaña muy agresiva contra los lusitanos y los galaicos, situados al norte de ellos. La campaña de César contra Lusitania se caracterizó por su crueldad, exterminando o esclavizando a poblaciones enteras, desterrando a los habitantes desde sus ciudades fortificadas a las llanuras, donde eran más fácilmente controlables, y apoderándose de todas las riquezas que pudo. La conquista más importante fue la de Medubriga, un centor minero importante situado entre el Tajo y la Sierra de la Estrella, de cuyo botín pudo repartir 100 sestercios a cada uno de sus soldados, aparte la cantidad que reservó para sí mismo. Las legiones romanas estaban formadas por asesinos profesionales que luchaban por dinero contra campesinos que defendían su tierra. Miles de lusitanos fueron pasados a cuchillo sin piedad, los pobladores fueron masacrados incluidas mujeres y niños.
Después de vencer a los lusitanos, el ejercito romano cruzó el Duero en pos de supervivientes pasando a la Galicia meridional.
Como vemos el saqueo de nuestra región comenzó bien temprana la historia.
La tierra sin nombre
A partir del siglo XIII la Extremadura leonesa (antecedente máximo de la actual Extremadura) desapareció incluso nominalmente de los documentos oficiales.
El concepto geográfico de Extremadura como tierra de frontera, apareció en la chancillería castellana en la segunda mitad del siglo XI pero no fue hasta el siglo XII (1133) cuando Extremadura apareció como algo distinto a los reinos de León, Toledo, Galicia y la misma Castilla5; no obstante, nunca se precisaron sus límites porque como dice el profesor Martínez Díez el concepto de Extremadura o frontera fue siempre algo móvil y variable.
En 1273 la trashumancia alcanzó niveles muy elevados. Quienes lo hacían por la cañada central y la occidental iban o venían desde Segovia o León hacia ese gran territorio extremo, no muy poblado, situado entre la parte occidental de los ríos Tajo y Guadiana que no tenía nombre propio. Como para entenderse el hombre necesita llamar a las cosas por su nombre a ese territorio innominado se le acabó llamando Extremadura.
En la percepción popular de Extremadura, en el sentimiento de Extremadura como región bien diferenciada de las que la circundaban debió tener una importancia notable el habla. De entre todos los aspectos que han servido y sirven para diferenciar las entidades nacionales o regionales entre sí, sin duda alguna el lenguaje es uno de los más importantes. El que se hablaba en aquel territorio que empezaba a llamarse de forma unívoca Extremadura era asaz diferente del de las regiones próximas. Era castellano, eso es evidente, pero no era el castellano de Salamanca o Ávila, ni el dela Mancha, ni el de Andalucía; también necesitaba nombre.
Aunque la gente llamase ya a este territorio Extremadura, la preocupación por definirlo jurídica o administrativamente no le quitaba el sueño a la chancillería real. Es cierto que desde la Cortes de Sevilla (1250), las primeras conjuntas de los reinos de León y Castilla en la mayor parte de ellas ya hubo representantes de Extremadura, así en singular, pero esa Extremadura comprendía tanto la leonesa como la castellana. Lo vemos, por ejemplo, claramente en las Cortes de Valladolid (1293) en las cuales Sancho IV otorgó dos ordenamientos diferentes, uno para Castilla y otro para León. El hecho para el reino de León fue remitido a ciudades tan dispares, aunque todas de realengo y todas de alguna de las dos Extremaduras, como Plasencia y Cáceres, pero también a Madrid y Segovia. A primera vista podría sorprendernos que esa remisión se hiciera a ciudades de la Extremadura castellana (Plasencia, Madrid, Segovia) que por castellanas, teóricamente, debieran haber recibido el ordenamiento hecho para Castilla; pero, esa remisión nos viene a confirmar la existencia de una Extremadura ya diferenciada de los propios reinos de Castilla y León aunque no tuviera una estructura administrativa propiay tenga poco que ver con la de hoy. Tampoco aclararon nada las Cortes de Medina del Campo (8 de junio de 1305) reunidas en nombre de Fernando IV por la reina regente doña María de Molina, en la que ya hubo procuradores específicos de Extremadura, además de los de los reinos de Castilla, León y Toledo; ni las de Burgos (1315) a las que acudieron representantes concejiles de cuatro territorios: Castilla, León, Toledo y Extremadura; en estas últimas los concejos extremeños representados fueron los de la Extremadura castellana entre los que se incluían Plasencia, Trujillo y Béjar. La inclusión del antiguo reino de Toledo (realmente la actual Castilla-La Mancha más Madrid) como territorio diferenciado iba dejando el nombre de Extremadura como exclusivo de la región que hoy recibe ese nombre.
La Extremadura extremeña
Habría que esperar a las Cortes de Alcalá (1345) en las que se ponían en boca del rey Alfonso XI las siguientes palabras: “A los que nos pidieron merced, que por cuanto mandáramos poner alfolíesde sal en Jerez y en Trujillo y en Plasencia y en Béjar y en Coria y en Cáceres y en otros lugares de la Extremadura y en Alcaraz y en Villarreal y en fronteras de Portugal”, para que las cosas se fueran aclarando. Aquí ya perfilaba netamente lo que iba siendo la Extremadura actual; Béjar, Plasencia y Trujillo originariamente castellanas dejaban su condición de tales para integrarse con otras de raigambre leonesa como Coria, Cáceres y Jerez de los Caballeros. en la que ya empezaba a ser la Extremadura por antonomasia.
Esa Extremadura diferenciada de los reinos de Castilla y León es a la que alude la Crónica de Alfonso XI cuando hablando de los estragos de la peste negra en 1348 dice que el mal hizo grandes estragos “en las partes de Francia et de Inglaterra, et de Italia, et aun en Castiella, et en León, et en Extremadura, et en otras partidas”.
La misma Extremadura que se cita en la Crónica de Juan II, esta Extremadura citada en las crónicas ya iba siendo la actual Extremadura.
Cuando la Extremadura castellana -la situada entre el Sur del Duero y el antiguo reino musulmán de Toledo, dejó de tener existencia administrativa en el siglo XV y cuando en los mapas que se hicieron a principios del siglo XVI a la que en algún momento pudo ser la ampliación de la Extremadura castellana, esto es, el reino de Toledo empezó a conocerse como Castilla la Nueva, la única Extremadura que subsistió con ese nombre es la que (aunque nunca tuvo existencia legal y diferenciada en el reino de León) el pueblo ya identificaba con la de hoy.
Siguiendo la precisa exposición de Gonzalo Martínez Díez en el artículo "Extremadura: origen del nombre y formación de las provincias", publicado en el Anuario de Derecho de la Universidad de Extremadura, podemos establecer estas etapas:
-En 1502 surgen las primeras 18 provincias de Castilla en función de las ciudades con voto en cortes, no estando entre ellas ninguna de las extremeñas. La mayor parte del territorio extremeño dependía entonces de la provincia de Salamanca.
-En 1653 compran un voto en cortes, y por tanto forman por primera vez la provincia extremeña, las villas de Plasencia, Badajoz, Mérida, Trujillo, Cáceres y Alcántara. En esta provincia se integran los partidos de Trujillo, la provincia de León de la Orden de Santiago así como Coria y Granadilla con sus tierras.
Extremadura como entidad política
En 1653 la ciudad de Plasencia decide recuperar el voto en Cortes que durante la Edad Media había tenido y comprarlo por valor de 80.000 ducados. Para ello propone una alianza a las ciudades de Badajoz, Mérida y Trujillo y a las villas de Cáceres y Alcántara para comprar conjuntamente dicho voto y conformar de este modo la provincia de Extremadura. Es pues en este momento cuando surge Extremadura como entidad política, a la que posteriormente se unirían otras localidades y la provincia de León de la Orden de Santiago.
Origen de Extremadura: http://interactiva.iespana.es/Extremadura/extremadura.pdf